Caza y Agricultura

4. Conejo, Gestión Cinegética y Agricultura, Gestión de un problema Multifactorial

El conejo es una de las especies de caza más importantes en la Península Ibérica junto con la perdiz roja (Ballesteros, 1998, Garrido 2009). Históricamente, la gran abundancia de conejos en la península ibérica ha sido aprovechada como recurso alimenticio, mientras que las pieles se utilizaban para fabricar ropas, y más recientemente en peletería.

Actualmente la caza sigue teniendo una enorme importancia socioeconómica y cultural, y prueba de ello es que alrededor del 70% de la superficie española mantiene algún estatus jurídico relacionado con la caza, fundamentalmente caza menor.

Cuando el objetivo de la caza no sea el control poblacional, debería finalizarse la temporada de caza del conejo antes del inicio de la reproducción, manteniendo una política flexible de cierre de veda para paralizar la caza cuando comiencen a detectarse hembras gestantes (Soriguer, 1981; Smith et al., 1995). A efectos prácticos este modelo de gestión debería ser supervisado de forma mucho más ágil y eficiente que en la actualidad, por parte de personal que pueda valorar cuál es el momento adecuado para cerrar la veda.

Por último, es preciso tener en cuenta que la organización de la caza debería hacerse de tal manera que no se provoquen molestias ni se interfiera con el periodo reproductor de las especies protegidas. Para lograrlo es preciso establecer y respetar áreas críticas durante los períodos más sensibles (González y San Miguel, 2004).

Respecto a las modalidades cinegéticas autorizadas, parece que algunas de ellas, como la caza con hurón y escopeta resultan muy nocivas en poblaciones no saludables: esta modalidad puede producir aversión de los conejos al vivar (por olor del depredador -Fundación CBD-Hábitat-, si bien Guzmán et al. (2012) no observaron este comportamiento), y captura proporcionalmente más hembras que machos frente a otras modalidades como por ejemplo caza con escopeta y perro (Smith et al. 1995), además de matar muchos animales en el interior del vivar que son difícilmente cuantificables (Soriguer 1981). Por tanto, deberían establecerse zonificaciones para autorizar determinados tipos de caza o para establecer moratorias estrictas en función del objetivo de la gestión (aumentar vs. controlar poblaciones de conejo).

Datos del proyecto REGHAB (Viñuela y Arroyo, 2002) estimaban que mientras que el número de cazadores en los años 60 era inferior al medio millón, en los últimos 50 años ha aumentado muchísimo, si bien hay que matizar que en la última década ha habido una permuta de licencias de caza menor hacia la caza mayor por el declive de la perdiz roja y el conejo silvestre fundamentalmente, mientras que especies como el jabalí o el corzo mantienen una expansión clara de sus poblaciones y su caza se ha abaratado mucho.

AúnEn los últimos años parece producirse una lenta pérdida en el número total de licencias de caza pero así, pero aun Garrido (2009) estimaba que se capturan con diversas modalidades algo más de 4 millones de conejos/año en España.

Por tanto, es evidente que a pesar del declive de sus poblaciones, el conejo silvestre sigue representando una importante fuente de ingresos para comunidades rurales, con un elevado valor económico Angulo y Villafuerte 2003; Calvete y Estrada 2004; Monzón et al. 2004.

Es preciso tener en cuenta además que más del 70% de la superficie de España se encuentra bajo alguna figura legislativa cinegética Villafuerte et al. 1998, y que los cazadores han realizado múltiples intentos de recuperar las poblaciones de conejo para mantener su actividad, si bien en la mayor parte de las actuaciones no existe un registro de las actuaciones ejecutadas ni constancia de que hayan surtido efecto.

Además, el conejo es una de las especies que por su complejidad ecológica y socioeconómica es capaz de producir un conflicto entre diferentes sectores con interés en su gestión y objetivos contrapuestos.

Se asume generalmente que el conejo está en declive por las enfermedades, pero también aparecen en la ecuación la escasa calidad y cuidado de la gestión cinegética que soporta, la sobrecaza en poblaciones ya en declive por otros factores o los conflictos con las modernas técnicas agrícolas. Mientras se piden cada vez más expedientes por daños y permisos para descastar erradicar) conejos en zonas agrícolas, la especie se encuentra catalogada como “Vulnerable” en el Libro Rojo de los Mamíferos españoles (Villafuerte y Delibes-Mateos 2008) por su declive en las últimas décadas.

Desde principios de la década pasada, comienzan a aparecer trabajos que muestran que las fechas de caza actualmente autorizadas para el conejo no son las más adecuadas para su conservación y para la mejora de las poblaciones, mermadas por las enfermedades y los cambios agrícolas y de usos del territorio. Así, los trabajos de Angulo y Villafuerte (2003) y posteriormente los de Carneiro et al. (2010) indican que la caza del conejo tal y como se plantea en la actualidad, estaría más enfocada a controlar sus poblaciones que a mantenerlas o mejorar las densidades existentes.

Esta selección de fechas de caza se corresponde con la gestión que se realizaba en el pasado, antes de las enfermedades y en agrosistemas en los que la prioridad es la productividad de los cultivos agrícolas, y no la conservación de la especie. A pesar de estos datos, hay autores (Calvete et al. 2006) que no obtienen los mismos resultados en sus modelos, por lo que este aspecto está aún sujeto a discusión.

Por otra parte, no hay que olvidar que la mayor parte del gasto económico en mejorar la situación de las poblaciones de conejo ha sido realizada por los cotos de caza menor, si bien en los últimos años los proyectos LIFE de la UE han dotado de fondos varios proyectos enfocados a mejorar la disponibilidad de conejos en amplias áreas de Sierra Morena, Parque Nacional de Doñana, Extremadura, Castilla y León o Castilla-La Mancha para mejorar la capacidad de supervivencia de especies como el águila imperial ibérica, lince ibérico, águila perdicera o buitre negro, entre otras especies.

Sólo en el período 1998-2006 la dotación en trabajos con conejo se duplicó en los proyectos LIFE de la UE para España (de 3.503.653 a 5.710.886 €, García y Guzmán 2005). La mayor parte de estos proyectos de conservación se han centrado en áreas poco humanizadas y zonas en las que los agrosistemas han desaparecido, por lo que el conejo ha sufrido un importante declive de sus poblaciones con el consiguiente descenso de las poblaciones de depredadores que dependen de la especie para su supervivencia.

Todos los proyectos realizados, salvo excepciones, han carecido de sistemas eficaces y estandarizados de seguimiento y monitorización que permitiesen valorar el efecto (positivo o negativo) de las actuaciones ejecutadas, por lo que se constata una grave carencia de información al respecto en décadas pasadas.

Hay que señalar también que tanto en las zonas de campiña (agrícolas) como en las de sierra (forestales), los cazadores y los cotos de caza o fincas cinegéticas han efectuado múltiples intentos de gestión para intentar conservar poblaciones estables de conejo que permitiesen su aprovechamiento cinegético, si bien en la mayor parte del territorio acotado para caza menor, los cazadores no pueden ejecutar acciones de manejo del territorio que incluyan cambios en los aprovechamientos agrícolas o en los modelos de uso del territorio para mejorar en la gestión del conejo.

con-vertic

Es preciso reseñar también que la actividad cinegética en sí (la extracción de ejemplares vivos o muertos anualmente)  supone un problema cuando se sobreexplotan las poblaciones de conejo en temporada de caza, especialmente si éstas se encuentran mermadas por enfermedades o pérdida de hábitat; de hecho, hay trabajos que demuestran que las poblaciones de conejo sometidas a menor presión cinegética se han recuperado mejor tras la entrada de la EHVc (Williams et al.2007).

4.1. Gestión de la Caza

Respecto a las fechas de caza hábiles, que suponen la mayor preocupación e interés para el colectivo cinegético y para los conservcionistas, Angulo y Villafuerte (2003) establecieron modelos para la mejor fecha de caza en función de si se pretende:

  • El Control de la Población.
  • Su Conservación.

El mayor incremento de la población se conseguiría cazando durante los meses de máximo poblacional (abril, mayo y junio). En las fechas de caza actuales, cazando el 30% de la población, la población disminuye al año siguiente, por lo que es una estrategia válida únicamente si lo que se pretende es controlar su crecimiento. El modelo también predice que al cambiar las fechas de caza a los meses de pico poblacional el número de animales cazados será mayor en verano, entre un 25 y un 30% superior, y a pesar de ello la población restante continuará con su incremento al año siguiente.

Sin embargo, existen modelos alternativos que obtienen distintos resultados, como demuestran los modelos desarrollados por Calvete et al. 2004.

Carneiro et al. (2010), han desarrollado recientemente un estudio experimental en Castilla-La Mancha en el que se hicieron tres grupos de conejos que fueron cazados en distintos momentos: uno en el periodo julio-septiembre, otro en octubre-diciembre y un tercero no se cazó. Los resultados indicaron que, si se caza en verano, el número de conejos cazados era mucho mayor (hasta un 46%). Al año siguiente, los nacimientos por vivar no fueron diferentes entre el grupo control y el cazado en invierno, mientras que la tasa de nacimientos si se cazaban en verano llegaba a incrementarse hasta un 70%.

Es interesante resaltar que en la tesis de Elena Angulo (2003), los cazadores encuestados en Andalucía mostraban su interés por cambiar fechas o modalidades de caza para conseguir aumentar las bolsas de captura y/o recuperar las poblaciones de conejo, lo que implicaría un elevado interés y predisposición del sector cinegético implicado en cambiar para mejorar. Sin embargo, los cambios de fecha pueden suponer problemas derivados de la caza con perro en verano (por posibles problemas para los perros – calor, deshidratación-), por la afección a otras especies cinegéticas (perdiz y codorniz básicamente), y por posibles conflictos con la conservación de especies no cinegéticas o protegidas.

Es importante valorar el efecto de gestionar de forma conjunta caza y territorio, o solamente caza (que es la situación habitual fuera de fincas privadas dedicadas a la gestión cinegética). Se aprecia un diferencia evidente en el enfoque de los propietarios de fincas (que gestionan a la vez el terreno y la caza) frente a los cotos sociales o arrendamientos para caza; estos últimos no pueden intervenir en la gestión agroforestal y están muy limitados para evitar uso de pesticidas o herbicidas en épocas o zonas concretas.

Con todo lo anteriormente reseñado, aparecen diferentes escenarios y conflictos entre sectores (agricultura, caza, conservación) que deben ser reorientados para poder abordar un problema tan complejo.

Diversos expertos y sectores implicados, tanto a nivel público como privado , destacan como puntos clave para abordar el problema:

4.2. Marco Normativo

c-la-mancha

Establecimiento de unas directrices políticas basadas en datos científicos sólidos y lo suficientemente flexibles para ser modificadas en virtud de la gestión del territorio predominante en cada región o zona de conflicto. Dichas directrices deberían ir asociadas a fondos que permitiesen su correcta implantación, y a un correcto seguimiento y análisis de la eficacia de las actuaciones implementadas.

Paralelamente, debería cambiarse la estructura de los Planes Técnicos de Caza y su forma de aplicación, con el fin de permitir cambios en la gestión ante declives o incrementos poblacionales del conejo silvestre. Y exigirse su correcta aplicación en los cotos y fincas de caza menor.

Posiblemente sea necesario establecer una zonificación tanto Norte-Sur (coincidiendo con las dos subespecies descritas, y con las diferencias ecológicas y reproductivas detectadas en los últimos años), como entre áreas prioritarias para conejo y/o predadores amenazados y otras no prioritarias

4.3. Conejo y Agricultura

Existen demandas urgentes por parte de los colectivos cinegético y agrícola que es preciso acometer sin demora entre los que destacan:

La necesidad de trabajar y mejorar con la implantación de medidas preventivas para minimizar daños a la agricultura. Dichas medidas pueden ser de tipo físico (cercados) o ecológico (aumento de la diversidad de cultivos, desarrollo de cultivos no palatables para el conejo, métodos aversivos, etc.).

La necesidad de evaluar si el efecto de la caza tal y como se practica actualmente es el más adecuado para evitar daños a los cultivos, o si es necesario establecer otro tipo de controles poblacionales (siempre en zonas de bajo impacto para especies de depredadores protegidos como recomiendan los trabajos más recientes).

Aparece una disociación total entre el uso cinegético del territorio y los usos agroganaderos. Por ello, una necesidad para recuperar el conejo debería ser establecer áreas de trabajo prioritarias en las que las prácticas agrícolas sean compatibles con la recuperación de las poblaciones de conejo.

En las zonas agrícolas deberían fomentarse líneas de buenas prácticas agrícolas que permitan recuperar hábitats idóneos para el refugio de conejos y otras especies. Entre dichas prácticas positivas para la fauna destacan la creación de caballones entre cultivos (Beetle banks), eriales y parcelas con vegetación natural, parcelas con rotación de cultivos y bajo uso de fitosanitarios, revegetación de linderos, recuperación de la vegetación de arroyos, etc.).

Para la correcta implementación de todas estas medidas, deberían establecerse una serie de propuestas específicas para su inclusión en la P.A.C., P.D.R.’s y P.O.’s de los programas FEDER y FSE.

conejitos-cuniculus-22

4.4. Zonas no Agrícolas

Hay una necesidad prioritaria de trabajar con el hábitat para mejorar la capacidad de carga y la disponibilidad de alimento y refugio para los conejos (recuperar agrosistemas en zonas de sierra)..

Búsqueda de fondos para asegurar la persistencia de los trabajos y líneas de actuación a largo plazo y evitar la excesiva dependencia de los fondos europeos (LIFE).

Es acuciante la necesidad de controlar el origen de los conejos, la hibridación con animales domésticos y el flujo de animales para translocaciones y repoblaciones ilegales, con el fin de evitar intercambios de cepas víricas y otras enfermedades o problemas genéticos.

Resulta imprescindible reducir las densidades de ungulados silvestres en áreas en las que se pretende recuperar el conejo para evitar tanto problemas de competencia por la alimentación como procesos de depredación (jabalí) y de afección a vivares y madrigueras artificiales.