Fomento de Poblaciones

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2.1. Manejos de hábitat para el conejo

La productividad de las poblaciones de conejo (Oryctolagus cuniculus) depende estrechamente de la abundancia y de la calidad de alimento disponible en el medio (Villafuerte 1997, Blas 1989). Una baja disponibilidad de alimento puede limitar claramente el crecimiento de las poblaciones de la especie, y a la inversa: la mejora de las condiciones tróficas en el medio pueden provocar una recuperación rápida de sus poblaciones mediante la reproducción de un elevado porcentaje de las hembras fértiles. Por este motivo resulta de gran interés asegurar que los conejos disponen de alimento de calidad en otoño, para garantizar una elevada cantidad de hembras con condición corporal suficiente para reproducirse en la primavera siguiente. El umbral de proteína bruta que necesitan las hembras para gestar se ha estimado en un 17% (Villafuerte 2003, Blas, 1989).

Aunque es un tema poco estudiado, diversos trabajos han puesto de manifiesto la relación entre ciertos tipos de manejo agrícola y selvícola y la abundancia de conejos (Moreno y Villafuerte 1995, Cabezas y Moreno 2007, Catalán 2008). Algunos autores, en línea con estos trabajos, sugieren que la mejor técnica para recuperar las poblaciones de conejos silvestres sería la de incremenentar al máximo la capacidad de carga de los ecosistemas (Calvete 2006). El manejo del hábitat mediante parcelas de desbroce, siembras y mejora de la disponibilidad de alimento se ha relacionado con una mayor densidad de conejos y con una mayor diversidad en su dieta en ambientes mediterráneos Ferreira y Alves 2009).

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Diversos estudios hacen hincapié en el consumo por parte del conejo de cultivos de gramíneas de ciclo anual (Soriguer 1988,Virgós et al. 2003, Calvete et al. 2006), e incluso en que la alimentación durante la etapa reproductiva se centra en estos cultivos cuando están disponibles (Muñoz 2005).

Otros trabajos analizan el papel del conejo como especie plaga y relacionan su abundancia y tendencia positiva con un manejo tradicional de campos agrícolas, con superficies pequeñas y aprovechamiento posterior de diente por ganado ovino (Petrovan et al. 2011). Este uso tradicional de ganado ovino ha sido utilizado como técnica de limpieza de pastos naturales y mejora por Guzmán et al. (2012) con resultados positivos.

Por tanto, el manejo del hábitat enfocado a mejorar la capacidad de carga del mismo para los conejos debería ser la prioridad absoluta de cualquier gestor cuyo trabajo se enfoque a mejorar las poblaciones del conejo silvestre. Y por este motivo, incidiremos en la importancia de mejorar el hábitat como herramienta para fomentar el incremento de las poblaciones de conejo. Existen no ya artículos científicos, sino incluso manuales y libros específicamente dedicados a la gestión de pastos o cultivos y manejos forestales enfocados a este tema (ver por ejemplo García 2006, Guzmán 2012 y San Miguel, 2014 entre otros).

El conejo necesita prioritariamente una distribución de matorral y pastos heterogénea, con abundantes ecotonos (bordes) y alternancia de zonas de matorral, áreas abiertas, pastizal y cultivos que proporcionen refugio y alimento (Virgós et al. 2003). Lombardi et al. (2007) mediante radioseguimiento vieron que la selección de hábitat de los conejos iba enfocada a minimizar el riesgo de depredación, por lo que la presencia de refugios (matorral denso o refugios artificiales) es un factor vital. Palomares et al (1996) encontraron una fuerte relación entre la eliminación de la vegetación natural y del matorral y una menor abundancia de conejos en Doñana (Coto del Rey). Rollán y Real (2010) encuentran también correlaciones positivas entre incremento de conejos y áreas abiertas generadas en manchas de matorral (por efecto de incendios) en el noreste peninsular.

Por otra parte, Carvalho y Gomes (2004) también describieron un efecto positivo del matorral con la abundancia de conejos, e incluso que éstos se refugiaban en áreas pedregosas cuando el matorral desaparecía. Por tanto, mantener manchas densas de matorral alternando con áreas abiertas, así como el manejo de matorrales con creación de pequeñas parcelas de pastizal con bordes sinuosos intercaladas con matorral y cultivos, es fundamental para optimizar el uso del hábitat por parte de los conejos.

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2.1.1. Objetivos a Conseguir

Teniendo en cuanta las consideraciones anteriores, es obvio que los conejos necesitan un hábitat donde puedan desenvolverse de forma óptima. Esto significa que tendremos que buscar o crear un mosaico de parches de matorral, rocas y suelo desnudo en el que se entremezclen pastizales naturales, y parcelas de cultivo. Además, como ya hemos descrito en el apartado anterior, la zona debe mantener suficientes estructuras de refugio para los conejos, intercaladas entre los restantes elementos del paisaje.

No solo es importante que el hábitat presente todos estos tipos de vegetación, sino que además es deseable que las parcelas tengan una superficie y forma determinada. La distancia relativa entre distintos parches de hábitat es también importante. Todos estos factores se deben a la especial biología del conejo y a sus hábitos de alimentación y de refugio. En el presente apartado describiremos cuales son las actuaciones que permiten manejar el hábitat para que los conejos realicen un aprovechamiento eficiente de los recursos que se ponen a su disposición.

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2.1.2. Desbroces

Serán necesarias cuando la cobertura de matorral supere el 60-70% de la superficie de la unidad de trabajo, o cuando ésta se encuentre próxima a manchas grandes de matorral espeso, para permitir la expansión de una población de conejos. Se realizan mediante desbroce manual (preferible siempre al resto de sistemas), o desbrozadora mecánica acoplada a un tractor pequeño.

El objetivo es el de aumentar la diversidad en el paisaje, especialmente en el interior de manchas espesas de matorral; se pretende que cada parcela tenga formas irregulares, retorcidas y sinuosas para aumentar al máximo la superficie de borde (ecotonos), factor que favorece al conejo. Se intentará que las parcelas de tratamiento no tengan sus lados muy alejados (40-50 m. es una buena distancia máxima); como ejemplo, se pueden diseñar parcelas con forma ameboide, en forma de mancha de líquido o simulando letras del alfabeto, dependiendo de la pericia del personal de trabajo y de las irregularidades del terreno.

En cualquier caso, hay que recordar que el matorral es un elemento importante para los conejos, por lo que no hay que “limpiar” en exceso la zona. Siempre hay que respetar áreas de matorral entre las parcelas y otros elementos del terreno para que los conejos dispongan de la cobertura que necesitan.

Como orientación, las parcelas deben realizarse en áreas llanas o con pendientes leves (pendiente menor del 30%), ocupadas por etapas seriales de matorral envejecido y poco productivo.

Hay que recordar también la necesidad de proteger adecuadamente las parcelas si se procede a su siembra para evitar el acceso de ungulados al cereal y la consiguiente pérdida de biomasa disponible para el conejo.

Figura 3. Formas poco adecuadas de las parcelas de manejo del matorral (izquierda), y parcelas más recomendables (derecha) con formas irregulares, estrechas y alargadas para optimizar la relación perímetro-superficie.

Distancia entre parcelas

Los estudios realizados en Doñana para evaluar la eficacia de las parcelas de tratamiento y la distancia relativa entre ellas se realizaron cubriendo un rango de distancias entre parcelas de entre menos de 50 m. y casi 200 m. (distancia entre los bordes de parcelas adyacentes). Los resultados obtenidos indican con claridad una asociación de las mayores abundancias de conejo a las parcelas tratadas: mas conejos cuanto más cerca de las parcelas tratadas se muestreara.

La distancia entre parcelas también se analizó, y los resultados sugieren que la distancia idónea para optimizar la relación “abundancia de conejos” y “superficie tratada” sería de unos 100 m. Los autores desaconsejan realizar parcelas de desbroce a distancias inferiores a 40 m., ni más alejadas de 100 m. entre sí.

Todos los datos disponibles resaltan la importancia de la zona que comprende aproximadamente los 40-50 m. de matorral adyacentes a la parcela, y de la banda de 20 m. dentro de la parcela de desbroce.

Como conclusión, se refuerza la necesidad de trabajar creando parcelas pequeñas y sinuosas con formas irregulares. La distancia entre los bordes de una misma parcela no debería ser superior a los 40 m., siendo la distancia óptima entre parcelas de entre 40 y 100 m., manteniéndose zonas de matorral que actúen como refugio entre parcelas.

Con las superficies y distancias recomendadas, sería esperable que las poblaciones de lagomorfos gestionadas sean capaces de utilizar simultáneamente varias parcelas con tratamientos y edades diversas, sin que aparezcan problemas derivados de la sobreexplotación de las mismas.

2.1.3. Tratamientos Selvícolas

Cuando sean necesarios resalveos y tratamientos en áreas arboladas, habrá que tener en cuenta que diversos estudios (Gea et al 2002 , Guil (ed.) 2009) ponen de manifiesto que los pies de rebrote de quercíneas pueden representar un recurso de gran valor para mejorar el refugio de los conejos y su alimento con los rebrotes de mata tras las labores de resalveo.

Dichas labores, según los mismos autores, deben ser intensas y puntuales, enfocadas a conseguir hábitats adehesados en los que se alternen zonas de matorral y de rebrotes jóvenes de quercínea, alternando con pastizales y áreas abiertas que permitan la alimentación del conejo silvestre.

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Cuando se planteeen actividades forestales bien de extracción de madera, claras, calreos y limpiezas de montes para la prevención de incendios o adecuación de zonas recreativas, debe respetarse parte del sotobosque ya que este proporciona refugio al conejo y en las machas de matorral suelen encontrarse ubicadas las madrigueras, por lo que es imprescindible alternar las zonas cortafuegos con rodales de matorral.

2.1.4. Siembras

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Las siembras específicas para el conejo se encuadran en la mejora de la disponibilidad de recursos tróficos que permitan aumentar la tasa reproductiva de la especie.

En general, hay que estudiar en detalle cada zona y los requrimientos específicos de cada población de conejos; trataremos siempre de utilizar mezclas de varias especies para la alimentación del conejo,de forma que aseguremos un aporte continuado en el tiempo de alimento de calidad; suelen obtenerse buenos resultados con cereales mezclados con leguminosas y siempre de variedades locales y bien adaptadas a cada zona, procurando sembrar especies con ciclos de diferente duración:

cebada, avena y veza generalmente, si bien se ha utilizado localmente algunas variedades altramuz lobero (Lupinus luteus), tremosilla (Lupinus hispanicus), garbanzos (Cicer arietinum), yeros (Vicia ervilia), entre otras.

Algunos autores recomiendan sembrar gramíneas vivaces como la grama frente a otras especies de crecimientos rápido como la avena o la cebada; el motivo es que la primera mantiene un mejor contenido proteico por más tiempo, y se encuentra accesible para los conejos durante gran parte del año, mientras que la avena o la cebada son especies de crecimiento rápido que son consumidas en una época concreta y mantienen peores valores proteicos.

De cara a la alimentación en verano, la siembra de parcelas de centeno produce buenos resultados. El centeno es muy robusto y sufrido, necesita poca agua y germina bien en suelos muy pobres y arenosos, por lo que se sembraba tradicionalmente a lo largo de los Montes de Toledo, Sierra Morena y Sistema Central, además de muchas otras zonas de la Península Ibérica. Los conejos consumen el centeno cuando la planta está seca (en grano), y no mientras crece (en verde). Esto nos permite disponer de un importante recurso alimenticio al final del periodo estival cuando otras fuentes de alimento escasean.

Hay que recordar también la necesidad de proteger adecuadamente las parcelas sembradas para evitar el acceso de ungulados al cereal, ya que éstos si lo consumen en verde con la consiguiente pérdida de biomasa disponible para el conejo.

San Miguel (2004) recomienda también la creación de praderas de pastos permanentes. Dichas praderas se obtienen mediante la siembra de leguminosas de varias especies del G. Trifolium: principalmente T. subterraneum, acompañado por otras especies como T. hirtum y T. glomeratum en suelos ácidos, mientras que se utiliza la alfalfa (Medicago sativa) y la esparceta (Onobrychis sativa), junto con otras especies del G. Medicago sobre suelos básicos. Suelen complementarse con un pequeño porcentaje de cereal para proteger a las primeras ante las heladas si el invierno es frío, y para diversificar la alimentación disponible para los conejos u otras especies (es un método empleado para mejorar la alimentación de ungulados). Con el tiempo, y gestionando adecuadamente la carga de pastoreo, pueden naturalizarse y conformar majadales con pasto de gran calidad.

El mayor problema de este tipo de pastos es su elevado requerimiento de agua, y la necesidad de un grado variable de pastoreo por ungulados que movilice nutrientes y genere un majadal. En áreas de repoblación cerradas a ungulados este tipo de gestión sería poco viable, al igual que en áreas demasiado secas que no puedan garantizar un aporte de agua suficiente para mantener la pradera.

2.1.5. Mejora de Hábitats Agrícolas

Especialmente en áreas agrícolas, el problema para el conejo no es la disponibilidad de alimento sino la falta de lugares de refugio y en los que excavar sus refugios y madrigueras. La agricultura extensiva tradicional basada en ciclos agrícolas largos y de baja intensidad mantenía un paisaje en mosaico con manchas de matorral o forestales, linderos, ribazos, cunetas y arroyos, así como barbechos y eriales que favorecían a la fauna en general, así como al conejo.

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Dicho paisaje tradicional tiende a desaparecer, por lo que se hace necesario crear hábitats idóneos para el refugio de conejos o perdices. Entre estas actuaciones destacan la creación de caballones entre cultivos (“beetle banks”) que se generan mediante arados de vertedera para acumular tierra en los bordes de los campos, que permiten mantener una estrecha franja sin cosechar en el perímetro de la parcela; además, técnicas sencillas como la de mantener parcelas sin laboreo (eriales), la revegetación de linderos mediante especies de matorral o zarzales y la recuperación de la vegetación de arroyos ayudan sobremanera al mantenimiento de buenas poblaciones de conejo en estas áreas agrícolas.

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2.1.6. Aporte extra de agua y alimento (bebederos y comederos)

Discutido por su alto coste en términos humanos y económicos, es innegable que contribuye a mejorar la condición corporal de los animales y a que incrementen sus tasas reproductivas. Igual que resulta innegable aceptar que suponen un encarecimiento de las actuaciones.

Los conejos habitualmente obtienen el agua que necesitan para su metabolismo mediante la dieta, sin necesidad de beber. Si además la zona mantiene alguna fuente o arroyo la actuación será innecesaria. Sin embargo puede ser útil para distribuir los conejos en el medio y fijarlos a zonas de actuación, así como para tratar problemas sanitarios cuando se detectan.

Se suelen instalar bien bebederos aislados, o bien asociados a comederos en los que se dispone pienso, grano o forraje (heno, alfalfa) para ayudar a los conejos en las épocas de menor disponibilidad de alimento (puede ser el verano en el sur, pero en el norte de España fuertes nevadas invernales pueden ser igualmente limitantes para la población de conejos de la zona). Por el contrario, hay que valorar también que un exceso de alimento puede resultar negativo para los conejos (incrementos muy importantes de la cantidad de alimento y del % de proteína pueden llegar a producir la muerte de los conejos); los animales pueden hacerse demasiado dependientes de los aportes y no expandir sus poblaciones en el medio, que es el objetivo final de las actuaciones de fomento de la especie.

La instalación de bebederos (y en menor medida de los comederos) es una práctica tradicional en cotos y fincas de caza menor, especialmente en las dedicadas de forma más intensiva a la perdiz roja. Se suelen instalar bebederos de muy diferentes modelos, pero con unas características básicas comunes:

  • Un depósito con capacidad suficiente para evitar su rellenado todos los días.
  • Un bebedero pequeño que permita escasa evaporación y acceso libre a la caza menor (perdices, liebres y conejos) pero no a otras especies (ungulados silvestres).
  • Un sistema de regulación formado generalmente por una boya y un sistema móvil para abrir o cerrar el paso de agua en función del nivel del bebedero.
  • Un sistema de conducción desde el depósito al bebedero.
  • Hay sistemas con captadores de agua de lluvia para alargar el tiempo de funcionamiento sin rellenado por parte del personal responsable.

En condiciones de alta abundancia de ungulados, será necesario construir estructuras de protección de diversos tipos para evitar el acceso de los ungulados, el consumo del agua y/o la rotura de los bebederos y comederos.

2.2. Vivares y refugios más utilizados para el fomento del conejo silvestre

El conejo depende en gran medida de la disponibilidad de refugio natural y de los vivares que excavan en el sustrato para obtener tanto protección frente a depredadores Richardson y Wood 1982, Parer y Libke 1985) como frente a variaciones climáticas Villafuerte et al. 1993); además, utilizan los vivares para criar (Parer y Libke 1985) y para establecer sus grupos familiares y estructura social (Mykytowycz 1968, Roberts 1987). El primer objetivo de la creación de estructuras de refugio es la de minimizar las elevadas pérdidas por depredación durante las fases iniciales de una reintroducción Calvete 1997), asegurando una correcta aclimatación de los conejos.

Las actuaciones para el manejo de las poblaciones de conejo se vienen llevando a cabo en España desde hace muchos años (ver por ejemplo Moreno y Villafuerte 1995; Cabezas y Moreno 2007, García 2006, Rouco et al. 2008; Guzmán et al. 2012), con desigual éxito. Al revisar las que se han realizado durante los últimos 20 años, destaca la evolución que han sufrido tanto los manejos de hábitat como la instalación de vivares o refugios o el aporte de alimento y agua. Todas estas técnicas de manejo no deben considerarse de forma aislada, sino como parte de un manejo integral.

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2.2.1. Construcción de Vivares Artificiales

La necesidad de refugios está altamente relacionada con la configuración del paisaje, con la presencia de manchas de matorral que protejan a los animales, y especialmente con el tipo de sustrato que permitirá en mayor o menor medida la excavación de vivares y galerías más o menos complejas.

Existen numerosas experiencias relativas a la construcción de vivares artificiales para el conejo, sintetizadas en su mayor parte en García, 2006 y Guzmán et al. 2012 y San Miguel (2014). Considerando la revisión realizada en este trabajo, tras amplias discusiones y comparación de la información disponible con los responsables de la fabricación / construcción de estos vivares, existe una serie de características básicas que aparecen en todas las experiencias revisadas, de forma que casi cualquier material es válido para construir vivares y refugios si éstos cumplen las siguientes condiciones una vez construidos:

  • Aislamiento Térmico.
  • Evitar la Condensación.
  • Protección frente a Depredadores.
  • Protección frente a las Inundaciones.
  • Durabilidad del Vivar.

La experiencia muestra que gran parte de los modelos comúnmente utilizados siguen en uso y en buenas condiciones hasta 12 años después (vivares de piedra, de arena, de hormigón), según diversos expertos consultados. De otros modelos, como los vivares y refugios de palets disponemos de datos referentes a series temporales más cortas, pero aunque mantienen en este período su estructura sí siguen siendo utilizados por los conejos, se aprecian notables deterioros al pudrirse la madera o colapsarse cuando se acumula un exceso de material sobre ellos (García 2006).

Algunos trabajos han puesto de relieve que es mejor instalar muchos vivares pequeños que un menor número de vivares de mayor tamaño Rouco et al. 2011), si bien en este caso los vivares considerados como “pequeños” tienen una superficie de 12 m2 frente a los 48 m2 de los vivares “grandes”.

Los autores encontraron que los vivares pequeños mantienen mayores densidades de conejos dentro del vivar frente a los grandes, sin una merma significativa en la productividad, lo que podría tener implicaciones para recuperar el conejo en zonas más extensas, y también para favorecer un menor impacto de la EHVc en dichas condiciones de alta densidad (Calvete 2006). D’Amico et al. (2014) sugieren con datos de Doñana que el efecto positivo de los refugios es más fuerte si se instala un cercado perimetral para evitar la depredación, pero más aún con una elevada disponibilidad de pasto natural para alimentarse, ya que la productividad aumenta en este caso.

En cuanto a la mayor o menor eficacia de unos modelos u otros y sus costes de fabricación, únicamente Fernández-Olalla et al (2010) realizan un análisis comparativo de 3 modelos de los más utilizados y de sus costes de fabricación.

El modelo más caro es también el más resistente, y parece ser el más utilizado por los conejos (vivar de tubos de hormigón), si bien otros autores (Guzmán et al. 2012) describen porcentajes elevados de ocupación (cercanos al 100%) en vivares construidos con palets y revestidos de ramaje y tierra. Los datos generales sugieren que en condiciones de alta densidad de conejos, o en cercados de repoblación en los que se liberan animales, casi cualquier tipo de vivar es rápidamente utilizado por los conejos, si bien no todos los modelos reúnen las condiciones para la reproducción de la especie. Sí parece muy interesante adaptar el diseño de las bocas de las madrigueras para excluir o dificultar el acceso a depredadores Paula y Palomares, 2007, WWF 2015), lo que posiblemente repercuta en una mayor tasa de supervivencia de los conejos durante los primeros días tras la suelta.

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2.2.2. Disposición de los vivares en el campo

El objetivo de las repoblaciones es trabajar en unidades de trabajo o gestión que pueden tener una superficie variable. Una “unidad de gestión” inicial para la instalación de vivares con una superficie inicial de unas 4-5 has. parece más adecuado que actuaciones de menor superficie en función de las experiencias de que disponemos hasta el momento. Este tamaño mínimo permite ya incluir en la zona de trabajo elementos naturales diferentes y suficiente disponibilidad de alimento: matorral, roquedos, alguna fuente o manantial, praderas y parcelas de siembra, etc.

Si analizamos cuales son los datos de las numerosas actividades de repoblación de vivares realizadas o en curso, vemos que los datos varían enormemente, tanto para actuaciones con tendencia positiva de sus poblaciones de lagomorfos, como para aquellas en que los resultados son más desfavorables (García 2006).

Como ejemplo, y teniendo en cuenta que el terreno y la presencia de vivares naturales pueden condicionar la actuación y hacer necesario un número menor o mayor de vivares, vemos que el IREC en la Sierra Norte de Sevilla instalaba aproximadamente 4,5 vivares/ha, así como el mismo número de refugios (“entaramados” o “enramados”), mientras la Fundación Cbd-Hábitat instala como media unos 30 vivares en una superficie de 15-20 has (aproximadamente 2 vivares/ha) y un número variable de refugios en función de la orografía del terreno y sus características. WWF instala aproximadamente 4 vivares y el mismo número de refugios por ha, y la AMA de Andalucía trabaja con densidades aproximadas de 4-5 vivares/ha. Guzmán et al. (2012) reseñan densidades de vivares de cría de entre 5,7 y 8,5 vivares/ha para áreas en las que se pretende reintroducir conejo partiendo de situaciones de ausencia de la especie.

De forma resumida podemos apreciar que las cifras son muy variables, pero se mantienen aproximadamente entre los 4 y los 10 vivares/ha dependiendo de la estructura del paisaje. Si contabilizamos además la construcción de refugios, la cifra sube hasta más del doble (6-15estructuras protección/ha) al ser los refugios más fáciles de construir y más baratos, aunque su papel no es el mismo que los vivares de cría (Guzmán et al. 2012).

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2.2.3. Distancia entre vivares

Existen pocos trabajos que valoren específicamente la importancia de este factor. La distancia entre estructuras de protección (sean vivares o refugios de diferentes tipos) observada a lo largo de este trabajo al considerar las diferentes repoblaciones estudiadas oscila entre los 15-20 hasta más de 100 m., llegando a los 200 m en algunos casos. Los datos varían mucho en función de la orografía, la existencia de refugio natural de cada actuación y la distribución de los diferentes elementos que conforman el paisaje de la unidad de gestión.

En algunos casos, los datos varían mucho en función de la orografía, la existencia de refugio natural de cada actuación y la distribución de los diferentes elementos que conforman el paisaje de la unidad de gestión.

Utilizando los datos referentes al uso del espacio que realizan los conejos, su distancia media de desplazamiento diaria, y la forma de explotación de las parcelas de alimento publicados en diversos trabajos científicos, la distancia máxima entre vivares no debería superar los 40-50 m., , siempre que existan zonas con matorral denso que puedan ser utilizados como refugio. En caso contrario, la distancia entre vivares debería reducirse.

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2.2.4. Ubicación de los vivares

Existen una serie de pautas más o menos claras para la ubicación en el campo de los vivares, pautas que gozan en general del consenso de todas las partes consultadas. Se detallan sintéticamente a continuación:

Debe favorecerse la capacidad cavadora de los conejos, por lo que los vivares se instalan preferentemente en suelos algo excavables, (siempre con pendientes inferiores al 30%), y evitando los afloramientos rocosos y los suelos excesivamente duros.

Es importante situar los vivares en las zonas de borde o ecotono, al amparo del matorral y cerca de las parcelas sembradas y praderas de alimentación, aprovechando la banda de máximo uso por parte de los conejos (Lombardi et al. 2003, Fernández-Olalla 2010).

Los vivares no deben interferir con las labores agrícolas o selvícolas a realizar en la zona para las mejoras de hábitat (podas, resalveos o laboreo de las parcelas).

Siempre hay que seleccionar aquellas ubicaciones con posibilidad de buen drenaje. Si no es posible, los vivares deben ubicarse en zonas levemente onduladas, aprovechando pendientes suaves para evitar inundaciones, a diferentes alturas y con orientaciones variables en función de la climatología y pluviometría (ej.: orientación de solana en zonas húmedas o frías). Las vaguadas y la cercanía de los arroyos conllevan un evidente riesgo de inundación ante lluvias fuertes. Por esta razón las bocas de acceso no deben orientarse en la dirección de la máxima pendiente, para evitar la entrada de agua de escorrentía.

No se aconseja instalarlos habitualmente en zonas excesivamente abiertas y despejadas sin matorral o rocas, ya que en estas zonas es precisamente donde los conejos están más expuestos a la predación. Si es preciso hacerlo, resulta conveniente aumentar la disponibilidad de refugios de diversos tipos en los alrededores en cantidad elevada.

La distribución espacial de los vivares no tiene por qué ser homogénea sino que pueden realizarse agrupaciones de vivares en algunas zonas importantes (zonas de ecotono o cerca de los prados o cultivos con mayor disponibilidad de alimento), dejando entre dichas zonas algunos vivares y refugios para que actúen como conexión.

En el caso de las repoblaciones, es importante instalar vivares y refugios en las zonas periféricas a las mismas; cuando se retire el cercado-o bien al abrir gateras o pasos a su través-, una parte de los conejos se dispersarán, y estas estructuras periféricas son una eficaz herramienta para asentar dicha expansión. En experiencias realizadas en la Sierra de Andújar (Guzmán et al. 2012) en fincas del O.A.P.N., entre 2007 y 2012 conectando núcleos de repoblación con vivares y refugios de esta forma, se han obtenido poblaciones de conejos muy extendidas espacialmente. La misma experiencia reseñan Villafuerte et al. (2006) para la Sierra Norte de Sevilla (Melonares).

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2.2.5. Cercados de exclusion

Dado el problema que suponen las altas densidades de ungulados, entre los que hay que destacar al jabalí por su papel adicional como predador del conejo, es preciso impedir en la medida de lo posible el acceso de ungulados a las parcelas sembradas y a las áreas de tratamiento con una doble finalidad: por un lado proteger físicamente a los conejos ante la predación, y por otro evitar el acceso de ungulados a las parcelas sembradas o a los pastizales sobre los que se está trabajando.

Este tipo de actuación es usada casi exclusivamente en repoblaciones de conejos y con cercados de dimensiones relativamente pequeñas de entre 1 y 15 ha. Pese a que hay algunas experiencias de su uso en grandes parcelas únicamente para exclusión de unguladas, esta opción no ha sido convenientemente explorada.

Diversos trabajos han puesto de manifiesto la importancia de la depredación en los primeros días tras las repoblaciones de conejo (Calvete et al. 1997, Moreno 2002, Calvete et al. 2005, Cabezas et al. 2011), así como el papel positivo de los cercados para evitar el acceso y la depredación por parte de depredadores terrestres (Cabezas et al. 2011, Rouco et al. 2008,D’Amico et al. 2014), si bien tanto Rouco et al. (2008) como Cabezas et al. (2011) señalan un elevado número de ataques depredatorios por rapaces en el interior de los cercados.

Los propios programas LIFE relativos al lince (Lynx pardinus y al conejo hablan de la necesidad de separar el ganado mediante cercados, y Guzmán et al. (2012) recomiendan la instalación de cercados temporales que permiten aclimatar al conejo, disminuir la depredación en las primeras fases de asentamiento, y además permiten gestionar las siembras y pastizales para el conejo evitar la competencia con el ganado doméstico o con los ungulados silvestres.

D’Amico et al. (2014) encuentran correlaciones positivas para la abundancia de conejos entre la presencia de cercados y los vivares estudiados, lo que sugiere que es una herramienta adecuada para la gestión de las reintroducciones, máxime si consideramos que además el cercado evita el acceso de jabalíes o de ungulados a las parcelas de siembra o desbroce y por tanto minimiza la competencia por recursos tróficos (Guzmán et al. 2012).

Los cercados utilizados son de tipo físico (vallado metálico convencional con malla enterrada y/o faldón), pastores eléctricos, o una mezcla de ambos (cercados de malla metálica con algunos hilos eléctricos). Este tipo de actuación ha sido utilizada casi exclusivamente en repoblaciones de conejos y con cercados de dimensiones relativamente pequeñas de entre 1 y 15 ha. Pese a que hay algunas experiencias de uso en grandes parcelas únicamente para exclusión de ungulados, esta opción no ha sido convenientemente estudiada.

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2.3. Gestión de las Enfermedades

Actualmente aunque la mixomatosis aunque continúa ocasionando muertes directas, se ha convertido en una enfermedad endémica y es la EHV, la que modela las dinámicas de las poblaciones de conejo. Ésta última es denso-dependiente (Calvete 2006), es decir, las elevadas abundancias favorecen la transmisión del virus y abundancias muy bajas y poco contacto entre ejemplares frenarían su impacto.

Sin embargo parece también detectarse que las poblaciones con elevadas densidades de conejos se han recuperado después de los primeros brotes de la enfermedad mejor que otras poblaciones con menores abundancias quizás debido a que generalmente mantienen niveles más elevados de anticuerpos frente a la EHVc (Cotilla et al.2010).
Por ello, la única propuesta de gestión de la enfermedad en campo es la creación o fomento de núcleos de alta densidad de conejos, donde el virus circule constantemente de manera que el nº de individuos inmunizados sea mayor y por tanto resistan mejor los brotes de la enfermedad (Calvete XXX, Villafuerte XXX).

Por otro lado, son escasos los estudios realizados respecto a la vacunación frente a la mixomatosis y la EHVc, la gran mayoría centrados en la vacunación de individuos para las reintroducciones, muestran resultados contradictorios y poco concluyentes.

En la actualidad, no se recomiendan las campañas generalizadas de vacunación en campo, ya que para que pudiesen ser efectivas debe vacunarse una alta proporción de la población y sobre todo debe mantenerse el esfuerzo en el tiempo, vacunándose al menos anualmente. Si dicha vacunación se interrumpe, la irrupción de la enfermedad puede encontrarse con una población con ausencia absoluta de anticuerpos, y ocasionar una altísima mortalidad. Asimismo, la efectividad de las vacunas disponibles frente a las nuevas cepas está aún por testar. Dado que el virus tiene una alta tasa de mutación, debe asegurarse que la vacuna es efectiva para la cepa que este circulando en ese momento.

Por último durante años ha sido habitual la fumigación de madrigueras con la intención de disminuir las poblaciones de artrópodos hematófagos (pulgas y mosquitos), que actúan como vector de la mixomatosis. Sin embargo esta práctica no ha demostrado su eficacia para disminuir la incidencia de la Mixomatosis y carece de sentido aplicarla frente a la EHV, ya que se trasmite por contacto directo entre animales.

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2.4. Reintroducciones: Manejo del Conejo

Una vez realizadas todas las actuaciones sobre el medio para mejorar la capacidad de carga, puede ser necesario reintroducir conejos para asentar una nueva población en un lugar en el que el conejo estuviese presente y desapareciese por mala gestión o por enfermedades.

Teniendo siempre presente que las repoblaciones y reintroducciones deben ser el último recurso, a continuación se tratan diversos aspectos genéticos, epidemiológicos y de gestión que son de interés a la hora de enfocar el trabajo.

Si no se tienen en cuenta dichos aspectos no sólo puede generarse un fracaso absoluto en el trabajo, sino que puede afectarse negativamente a las poblaciones de conejos silvestres cercanas a la zona de trabajo por introducción de nuevas cepas víricas o por problemas derivados del estado genético de los conejos liberados.

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2.4.1. Consideraciones genéticas y sanitarias

En la P. Ibérica existen dos subespecies distintas de conejo: Oryctolagus cuniculus cuniculus, y O. cuniculus algirus. Que presentan diferencias morfológicas, y que incluso presentan diferencias a nivel comportamental y de éxito reproductor (Carneiro et al 2014).

Además, al hacer cruzamientos entre ellas, se ha comprobado que aparecen problemas de supervivencia de los gazapos al hacer retrocruces (cruzamiento entre un híbrido con un ejemplar de una ssp. parental). Si consiguen sobrevivir, tienen también un menor tamaño y los machos muestran ciertos problemas de fertilidad, ya que los testículos y la producción de espermatozoides son menores, y aparece un mayor % de anormalidad de espermatozoides en el semen (Carneiro et al. 2010, 2014).

También se ha señalado que podrían existir ciertas diferencias en cuanto a la susceptibilidad frente a la EHVC para cada subespecie, y que fuera de su área de distribución la susceptibilidad aumenta, quizá por verse expuestos a diferentes cepas de la enfermedad.

Por ello, la realización de repoblaciones sin control genético y con conejos de procedencia muy variable podría estar teniendo un papel importante en el declive del conejo y en el fracaso de muchas repoblaciones. Poner en contacto animales de diferentes subespecies o de orígenes diversos, portando distintas cepas de la EHVC, provoca graves problemas de supervivencia en las poblaciones silvestres que queremos recuperar. Por este motivo, se desaconseja totalmente el traslado de los conejos a largas distancias.

Por último, hay que reseñar que en los últimos años, con el avance de los análisis genéticos, se ha detectado que los ejemplares procedentes de granjas dedicadas a la cría y venta de conejos “silvestres” para repoblar muestran elevados porcentajes de animales con haplotipos “domésticos”, fruto de utilizar para mejorar la reproducción en cautividad, hembras de conejo doméstico con machos silvestres, obteniendo híbridos de dudosa supervivencia en el campo y que además pueden empobrecer genéticamente las poblaciones nativas, sin contar con los potenciales problemas por aportación de parásitos o zoonosis al medio natural desde las granjas que no cumplen la normativa.

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2.4.2. Procedencia y Captura de los conejos

Numerosos estudios han puesto de relieve que el conejo se ve negativamente afectado por las capturas, y por el estrés derivado de las mismas y de su posterior manejo (Letty et al 2003, Calvete et al. 2005, Cabezas et al. 2011), por lo que un correcto manejo y manipulación de los animales resulta de suma importancia para minimizar posibles pérdidas (Calvete 2002).

Por tanto, una vez decidido que es preciso repoblar con conejos silvestres, es preciso actuar siguiendo una serie de pasos para decidir tanto su procedencia y la forma de captura, como el posterior manejo y transporte. Un buen resumen de los pasos a seguir puede consultarse en García (2006) y en San Miguel (2014).

Para decidir dónde conseguir los conejos, es preciso tener en cuenta los siguientes aspectos:

Aspecto genético. Deben ser lo más similares posible a los existentes en la zona de suelta o en sus alrededores (misma subespecie, preferiblemente misma población o muy cercana).

Aspecto comportamental. Para estar acostumbrados a las condiciones edáficas, de vegetación y climáticas de la zona de suelta, así como a los predadores de la zona, deben proceder de zonas con características similares a la de suelta.

Aspecto sanitario. Las cepas de mixomatosis y enfermedad hemorrágica a las que hayan estado expuestos los conejos serán tanto más parecidas cuanto más cercanos estén los lugares de procedencia y de suelta. Además, los parásitos internos y externos serán similares o idénticos, algo que no puede garantizarse con conejos traídos de poblaciones situadas a 400 km. del punto de suelta, por ejemplo.

Aspecto logístico. Una menor distancia a recorrer implica menor stress para los conejos y por tanto menor mortalidad y mejor condición física. Además, supone un menor coste total de la operación (coste de los conejos, vehículos, tiempo, combustible, etc.). Si trabajamos con conejos de la finca vecina se pueden plantear capturas y sueltas con un manejo mínimo, lo que ahorra gastos de cuarentenas, vacunas, manejo, análisis, etc.

Aspectos administrativos. Es obligatorio solicitar y obtener los pertinentes permisos de la Administración para la captura, manejo y traslado de animales silvestres. Especialmente importante para prevenir las numerosas ventas y operaciones de transporte y suelta ilegal de conejos de procedencia dudosa que se siguen llevando a cabo en la actualidad.

Por último, pero de gran importancia, conviene señalar que los conejos de granja solo serían aceptables si procediesen de instalaciones absolutamente controladas desde un punto de vista genético y sanitario y dichas explotaciones trabajasen con conejos genéticamente puros. Es preciso asegurarse bien de este extremo, realizando análisis genéticos de una muestra que habrá que seleccionar aleatoriamente del lote que queramos liberar, o bien de los parentales.

El motivo de esta desconfianza es que la picaresca de algunos criadores llega a la hibridación con hembras domésticas para mejorar la reproducción y disminuir problemas derivados del stress de las hembras de conejo silvestre en cautividad y el descenso de su tasa reproductiva. Los híbridos resultantes se cruzan con conejos silvestres de nuevo y se obtienen híbridos de segunda generación muy similares externamente a los conejos silvestres, pero empobrecidos genéticamente.

Aun así, habría que asumir que seguramente existirán problemas en la adaptación a las condiciones naturales tras la suelta, lo que seguramente repercutirá en la supervivencia de los animales y en el éxito de la actuación. Por otro lado, existen diversos trabajos (Piorno et al. 2015) que muestran como las áreas con repetidas introducciones de conejos de granja (frecuentemente híbridos de conejo silvestre y conejas domésticas) tienen un efecto negativo sobre las poblaciones silvestres a corto, medio y largo plazo. Los autores del trabajo encontraban menores abundancias en las áreas más intensivamente repobladas, y además encontraron una mayor proporción de genes domésticos que contribuyen a degenerar los genotipos silvestres.

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2.4.3. Manejo sanitario de los conejos capturados

Las cuarentenas presentan problemas derivados de su larga duración (menor calidad muscular, stress y pérdida de adaptación a la alimentación silvestre), y existen trabajos que desaconsejan su realización en la actualidad (Calvete et al. 2005, Ferreira et al. 2009, LIFE Iberlince 2013).

Caso de producirse, en general se realizan cuarentenas más cortas que años atrás, no superiores a 2 semanas (Guzmán et al. 2012 para un ejemplo).

En estos casos en que se aplican cuarentenas, los responsables de este manejo justifican la actuación en base a las recomendaciones sanitarias de la O.I.E. (Oficina internacional para las Epizootias), y en la necesidad de detectar animales que estén incubando la mixomatosis y puedan contagiar al resto de ejemplares o a los animales silvestres.

Se pretende así liberar conejos vacunados de forma más eficaz que con tratamientos alternativos, (vacuna y suelta inmediata), que hayan pasado la fase de inmunosupresión inducida por la vacuna, durante la cuarentena.

No existe consenso científico sobre la conveniencia o no de la vacunación de los conejos que van a ser liberados, (Delibes mateos XX), si bien trabajos recientes en campo apuntan a que no hay tasas de supervivencia diferentes entre lotes vacunados y no vacunados (Rouco et al 2016).

Si los conejos a reintroducir presentan alta prevalencias de anticuerpos del virus lo recomendable sería no vacunar, ya que estos conejos ya se encuentran inmunizados, y vacunarlos no supondría una inmunización habitual pero si podría generar una inmunodepresión; además puede suceder que la vacuna no sea adecuada para la variante vírica circulante en esa zona y momento, con lo que no tendría ningún resultado positivo sobre los animales vacunados.

Ante la ausencia de información lo mas recomendable sería por tanto vacunar de manera preventiva, ya que si los conejos no se encuentran inmunizados aumentaremos su protección frente a las enfermedades y si estuviesen inmunizados los posibles contras son poco probables (Calvete com. per.). Por otra parte, esta vacunación preventiva sirve únicamente contra cepas conocidas e identificadas, pero no para la nueva cepa detectada en 2012. Las vacunas son ineficaces para inmunizar a los conejos afectados por esta variante de la enfermedad, por lo que vacunar sin conocer el estado sanitario y la prevalencia de anticuerpos puede ser una pérdida de tiempo y dinero. Por tanto, y ante la ausencia de una respuesta única para solventar esta cuestión, debería analizarse cuidadosamente cada caso y decidir en función de la información disponible.

Sin embargo para poder tomar esta decisión es necesario la realización de análisis generalmente caros y que además requieren cierta antelación en la planificación, por lo que raramente se realizan.

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2.4.4. Protocolo de actuación. Manejo de los conejos

En lo relacionado con la captura y manejo de conejos para su posterior suelta, este tipo de manejos implica una serie de actuaciones de carácter sanitario mediante un protocolo estandarizado. No existe una sola forma de actuación, ya que como se ha comentado en otras ocasiones, hay tanta diversidad de actuaciones en las repoblaciones de conejo que sería tremendamente difícil dar una norma general

En los apartados que siguen, vamos a describir de forma resumida cuales son las actuaciones comúnmente utilizadas y las condiciones en que sería aconsejable o no su uso.

a) Manejo para suelta inmediata

Este manejo implica la captura de los conejos y su posterior suelta en otra zona en un lapso muy breve de tiempo, de entre algunas horas y 2 días. Los conejos son a menudo tratados con un spray antiparasitario (tipo cipermetrina) y con antisépticos para heridas superficiales. Generalmente no se vacuna a los conejos contra la EHVC o mixomatosis.

Generalmente los responsables de este tipo de manejo lo justifican por la necesidad de evitar la mortalidad, la pérdida de condición física y los problemas de stress derivados de la cautividad en los conejos silvestres.

b) Manejo para suelta inmediata con Vacunación

Es casi idéntico al manejo del caso anterior, con la única diferencia de que se vacuna a los conejos para inmunizarlos contra mixomatosis y EHVC.

La justificación de su uso es la misma que en el caso anterior, con la salvedad de que la vacunación de los conejos se justifica en función de la necesidad de inmunizarlos para incrementar sus posibilidades de supervivencia, al menos durante el primer año tras la vacuna.

c) Manejo con Cuarentena

En este caso el planteamiento cambia radicalmente. Los conejos capturados se estabilizan en cautividad, se procede a su desparasitación interna y externa y se les suministra agua y alimento abundante. Permanecen en jaulas con capacidad para 2-3 animales y durante su cuarentena se tratan o se aíslan los animales que muestren síntomas de distintas enfermedades (mixomatosis, EHVC, infecciones bacterianas y heridas, entre otras). Las jaulas generalmente se mantienen en una nave aislada de otros conejos silvestres o domésticos para evitar la transmisión de enfermedades.

Tras la desparasitación interna, se procede a la vacunación frente a mixomatosis y EHVC, se mantienen los conejos en cautividad durante el periodo de inmunosupresión de las vacunas, y posteriormente se liberan. En esta fase se toman muestras de heces y sangre para realizar un seguimiento sanitario mínimo de los animales, se realizan pruebas genéticas para determinar su pureza genética, haplotipo, etc.

Se intenta realizar cuarentenas con un buen balance entre las necesidades sanitarias y la necesidad de evitar una excesiva pérdida de condición corporal de los conejos (Calvete et al. 2005). Como promedio, las cuarentenas que han realizado en diferentes proyectos del O.A.P.N., C.A. Aragón, WWF o la C.A. de Castilla-La Mancha tienen una duración de 12-14 días.

Las organizaciones y responsables de este manejo justifican la actuación en base a las recomendaciones sanitarias de la O.I.E. (Oficina internacional para las Epizootias), y en la necesidad de detectar animales que estén incubando la mixomatosis y puedan contagiar al resto de ejemplares o a los animales silvestres.

Se pretende así liberar conejos vacunados de forma más eficaz que con los tratamientos anteriores, y que hayan pasado la fase de inmunosupresión de las vacunas en cautividad.

Además, la cuarentena permite estabilizar a los conejos y no liberar animales muy estresados y con deficiente condición física derivada de la captura, transporte, manejo y vacunado en pocas horas; se intenta así mejorar sus condiciones sanitarias y fisiológicas para aumentar la probabilidad de supervivencia.

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2.4.5. Época de suelta, sexo y edad de los animales en el éxito de la repoblación.

suelta-conejos

La Época de Suelta

La época de suelta está directamente relacionada con el éxito de la repoblación. Diversos estudios han puesto de manifiesto este punto, y la explicación es muy lógica: hay que tratar de liberar los conejos en un momento del año en el que puedan disponer de alimento de calidad y agua, para comenzar a reproducirse en un plazo lo más breve posible para que la población comience a aumentar.

Y pensando en la llegada a la península de un buen número de especies de rapaces migradoras en primavera, resulta lógico pensar que si los conejos están ya adaptados a las zonas de liberación, la depredación será menor que si se liberan en primavera o verano cuando milanos (Milvus sp) o águilas calzadas (Hieraaetus pennatus), por citar sólo dos especies, estén ya en sus áreas de cría.

Se consigue así un doble objetivo: la población comienza a crecer rápidamente y se minimiza el impacto de la predación sobre la población inicial.

Los trabajos de que disponemos muestran que la mejor época para liberar los conejos es justamente antes del inicio de la estación reproductora, aproximadamente en el mes de octubre-noviembre.

En este momento se liberan tanto animales adultos como subadultos, que presentan las mayores tasas de anticuerpos e inmunidad contra mixomatosis y EHVC de forma natural (Castién 1997).

Si no es posible realizar la suelta en este período, el invierno y el inicio de la primavera son, respectivamente, las alternativas mas adecuadas.

Sin embargo, otros modelos muestran resultados dispares. Los trabajos de Irene Cotilla, 2008 y de Cotilla y Villafuerte (2007), evaluando modelos de repoblación en diferentes momentos del año, obtienen que las tasas de crecimiento más altas tras la suelta de conejos se producen al repoblar entre diciembre y febrero (los autores sugieren enero como mes óptimo), mientras que las más bajas se dan a final de primavera e inicio del verano (mayo y junio). Dichos modelos ponen de manifiesto que se obtienen mejores resultados cuando se lleva a cabo un proceso de selección de edad, es decir, cuando la totalidad de los individuos que se sueltan son adultos.

La diferencia de fechas puede estar relacionada con la distinta disponibilidad de alimento entre las poblaciones del sur y norte de España (menor disponibilidad en otoño tras veranos secos en el sur) que hace que sea necesario liberar conejos más tarde que en Navarra.

En cualquier caso, sí parece que hay que evitar siempre el liberar conejos durante el final de la primavera y el verano, ya que en este momento acaba la temporada de cría, comienza la época limitante por la escasez de alimento, y los conejos deberán soportar la predación acumulada de varios meses hasta que tengan oportunidad de criar de nuevo. Según los datos de que disponemos, lo ideal sería esperar al otoño siguiente y no realizar la suelta en verano.

Edad y Razón de Sexos de los Animales a Liberar

Las tasas de supervivencia en los animales liberados no muestran una mortalidad diferencial entre ambos sexos. Diversos autores señalan que una razón de sexos próxima a 1 sería la idónea al favorecer el emparejamiento de los animales tras la suelta, relajando así las tensiones sociales derivadas de la preproducción. Otros, sin embargo, proponen la liberación de 1-3 machos y 5-6 hembras por vivar (razón de sexos aproximada de 1:2). En cualquier caso, posteriormente los conejos ajustarán esta proporción de forma natural.

En cuanto a la edad de los animales, estudios realizados en Navarra (Castién 1997) señalaban que la clase de edad más adecuada para su liberación es la de los animales menores de 1 año, si bien puede resultar muy difícil obtener un elevado número de animales de esta clase de edad. Sin embargo, en otros trabajos se señala que los animales adultos presentan una mayor capacidad de supervivencia que los juveniles y que son los más adecuados para la suelta Cotilla y Villafuerte 2007).

Número Inicial de Conejos a Liberar

El número de animales que se liberan parece ser un factor fundamental para el éxito de la repoblación, y diversos estudios sugieren que para que el proyecto tenga éxito a medio-largo plazo, la población inicial debe de ser densa. Así se previene la trampa del depredador, y se evitan las campañas de vacunaciones que ya hemos explicado que resultan complejas, costosas y de escaso o nulo efecto (Ferreira et al. 2009,, Rouco et al. 2016).

El tamaño de la población fundadora dependerá de la superficie de tratamiento (ya se ha comentado la necesidad de trabajar en unidades de gestión de al menos 4-5 has), del número de vivares y de la capacidad de carga del hábitat. En general, se asume que densidades elevadas (en torno a 20-40 conejos/ha) permiten  a la población crecer a pesar de las pérdidas iniciales debidas a la baja adaptación al medio, posibles enfermedades y depredación, siempre que el hábitat sea adecuado y proporcione refugio y alimento de calidad y bien distribuido.

Así lo demuestran los datos de seguimiento de varias actuaciones realizadas entre los años 1999 y 2002 , y entre 2006 y 2014 así lo demuestran en lugares tan diferentes como Doñana, Andújar, Sevilla o Ciudad Real.

Otro dato que avala la necesidad de trabajar con tamaños de lote grandes es que generalmente se asume que la mortalidad tras la suelta y especialmente en los primeros días es muy elevada, con picos de hasta el 75% (Calvete et al. 1997, Moreno 2002, Calvete et al. 2005, Cabezas et al. 2011)de los conejos liberados. Si se considera una suelta de 20-30 conejos, es posible que en un lapso breve de tiempo no sobrevivan más de 6-7 animales, lo que no parece razonable para generar una población en alta densidad.

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2.4.6. Lecciones aprendidas

En este trabajo se han revisado las publicaciones, informes, documentos, comunicaciones, presentaciones a congresos, etc. de las actuaciones realizadas en España con el objetivo de incrementar las poblaciones de conejos, así como la literatura científica existente sobre la especie. El alto número de actuaciones ejecutadas en el marco de diversos proyectos hace que esta labor haya sido de considerable extensión; por tanto, se han incluido en este apartado, únicamente los datos de aquellos proyectos de los que se han obtenido mayor calidad y cantidad de información.

Los datos más valiosos por la serie temporal a largo plazo que incluyen, proceden del Parque Nacional de Doñana y de las fincas del O.A.P.N. situadas en Andújar (Lugarnuevo y Selladores-Contadero), ), así como los programas LIFE para la conservación del lince ibérico en España y Portugal, y los trabajos científicos desarrollados por el CSIC en la E.B.D. y el I.R.E.C. durante años.

Otros lugares como el Parque Nacional de Cabañeros tienen también una amplia cantidad de información muy útil, y algunas ONG’s como la Fundación CBD-Hábitat, WWF/Adena y diversas Fundaciones encaminadas a proyectos de Custodia del territorio (F. Global Nature) han compartido sus datos acerca de los resultados obtenidos tras varios años de trabajo de campo.

A estos trabajos habría que sumar los realizados en algunas CC. AA. como la de Navarra, y diversos estudios realizados con cotos de caza en Andalucía o en Galicia por ejemplo, donde las actuaciones realizadas para incrementar las poblaciones de conejo han sido objeto de diversos estudios que también se han tenido en cuenta en este apartado.

Por último, aunque no menos importante, hay que reseñar que durante décadas, los cazadores y los propietarios de fincas de caza dedicados a la menor han trabajado con estos temas de mejora de hábitat y gestión aplicada a encontrar la forma de optimizar la renta cinegética. Su experiencia y sus trabajos han sido también utilizados a lo largo del presente documento.

De todas estas experiencias pueden extraerse las siguientes conclusiones a modo de síntesis:

Aprendizaje a gran escala

  • Las repoblaciones deben efectuarse en zonas de la mejor calidad posible, es decir con una alta capacidad de carga para la especie (alimento, refugios, ausencia de alteraciones como caminos, carga ganadera, etc.)
  • Las sueltas deben concentrarse en áreas reducidas para crear núcleos de elevada densidad de conejos. De hecho, la densidad parece constituirse como uno de los factores clave para garantizar la salud y la supervivencia individuales.
  • Las sueltas anuales en cada una de las actuaciones deben concentrarse en un corto espacio de tiempo. Resulta por ello desaconsejable soltar diferentes lotes de conejos en la misma zona de actuación en diferentes intervalos de tiempo.
  • La repoblación debe efectuarse antes del periodo de reproducción con el fin de que los conejos se encuentren adaptados al nuevo entorno antes del comienzo de la actividad reproductora.

Aprendizaje a pequeña escala

  • Deben prepararse vivares suficientes para el número de conejos que va a ser liberado.
  • Los conejos deben liberarse en pequeños lotes en el interior de dichos vivares.
  • Los vivares de suelta deben estar protegidas mediante cercados para evitar la dispersión durante los días posteriores a la suelta, facilitar el vínculo de los conejos tanto entre ellos, como a la nueva estructura y minimizar la predación, usualmente muy alta durante los primeros días tras la suelta.
  • Es necesario que los animales dispongan de comida de calidad y agua de forma constante para incrementar la tasa reproductiva.
  • Se debe repoblar con animales sanos, procedentes de poblaciones en las que las enfermedades estén presentes de forma natural.
  • Hay que valorar la necesidad o no de vacunar animales en función de la prevalencia de anticuerpos frente a mixomatosis y EHVc.
  • Intentar, en la medida de lo posible, repoblar con animales subadultos, que parecen ser los más adecuados para realizar repoblaciones, por su mejor adaptación a nuevos entornos.
  • Valorar la importancia que tiene la estructura social de los conejos en relación con la estabilidad de las poblaciones y su supervivencia.

En la mayor parte de las afirmaciones anteriores existe consenso general, aunque sobre alguna de ellas (como es el caso de la vacunación) existen opiniones contrarias.

Finalmente, hay que reseñar dos requisitos en los que coinciden todos los expertos consultados:

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La necesidad de mantener un esfuerzo constante en el tiempo, de forma que las diferentes actuaciones no se contemplen únicamente como acciones puntuales, sino como proyectos a medio y largo plazo. En estos proyectos, sistemática y periódicamente, será necesario ejecutar acciones de:

  • Laboreo y desbroce de parcelas.
  • Siembras y cosecha de cereal.
  • Revisión, arreglo y mantenimiento de vivares y refugios y construcción de otros nuevos.
  • Revisión y mantenimiento de los bebederos o puntos de agua así como creación de otros nuevos.
  • Revisión y mantenimiento de los cercados y otras estructuras, repoblaciones suplementarias caso de ser necesarias, etc.

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La necesidad de realizar un seguimiento lo más preciso posible del éxito de todas y cada una de las actuaciones ejecutadas y de la evolución de las poblaciones de conejo. El seguimiento es el único modo de evaluar las inversiones realizadas y de optimizar las futuras.

El siguiente esquema, extraído de Guerrero-Casado et al (2013) ofrece un resumen de cuales son os factores que afectan a las repoblaciones de conejo. Los símbolos + y – indican la relación positiva o negativa con el éxito observado en las actuaciones de fomento del conejo estudiadas.